martes, 14 de septiembre de 2010

Shop attack

Siempre que uno va a comprar cositas para un bebé se emociona. Puede ser un sobrino, el hijo de tu mejor amiga o simplemente el clásico compromiso del hijo del jefe de tu esposo. Da igual. La emoción es total. Es que todo es taaaaaaan mono que es sabes perfecto que el día que tengas un hijo vas aplicar el "Terminator Revenge" y acabarás con todas las tiendas. Eso es lo que uno suele pensar.... pero es un MITO. Por lo menos, para tranquilidad de nuestras carteras "euristas"y para mi gran sorpresa, en esta temprana faceta del embarazo fui a ver que había-ya saben el típico "sólo vamos a echar un ojito"- y salí con las manos vacías. Eso sí, al abrirse las puertas del Corte Inglés y dejar de escuchar la música de la "semana fantástica" se apoderó de mi un gran sentimiento de pánico. No sólo por lo caras que están las cosas (desde una cochecito para el bebé que se supone que es el hit que se llama Bugaboo que puede alcanzar los mil euros hasta un saca-leches que puede costar cerca de los trescientos euros). ¡Dios! Más allá del costo lo único que venía a mi mente era el enternecedor sonido de un bebe llorando PERPETUAMENTE y la acidez que subía por mi tracto digestivo haciéndome cuestionar que tanto va a cambiar la realidad que conozco. Tranquilas. Este sentimiento, por lo que he leído en las biblias de la embarazada- esas sectas de mujeres hormonadas-,  es normal. Pronto crecerá en mi la necesidad de construir un nido y de comprar hasta el utensilio mas inútil como el calentador de toallitas húmedas. Aunque el dolor y el tamaño de las tetas indique que uno está embarazadísima el hecho de todavía no ver un feto, de no sentirlo dentro de ti hace que estés en un limbo de "irrealidad". Me imagino que es un mecanismo de defensa para no ilusionarte de más. No importa, así ahorro un poquito y escojo mis ramitas para que pronto aterrice la cigüeña.

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