domingo, 15 de mayo de 2011

Aventuras Postparto

Las emociones no terminan con el embarazo, apenas comienzan...
Lu has sido una niña muy visitada por todos tus tíos, tus abuelos, tu Yaya y mis amigas de León. Llenaron la habitación de flores, sobre todo orquídeas que es mi flor favorita y tuvimos la suerte de que la señora con la que compartía cuarto al dar a luz gemelos la trasladaron a otra habitación y nos quedamos tres días solas. O sea que tuvimos una "suite" para nosotras. Déjame te cuento como fueron los primeros días: La primera toma que hiciste fue de un bibe con agua y azúcar por que morías de hambre. Después nos dieron bibe de leche y tu feliz por que a mi no me había subido nada de leche aún. Debo confesarte que hay cierta "presión" social y psicológica hacia la lactancia materna. Claro que es lo mejor pero también es decisión de uno. No obstante todo mundo opina y lo peor del asunto es que antes de preguntarte como estás te preguntan sobre si ya te subió la leche, si ya te puse al pecho y si ya logré darte de comer. Soy una mujer de retos pero también me gusta hacer las cosas a mi manera. Y así lo he hecho. Los primeros días entre el agotamiento físico, emocional y psicológico la verdad me apoyé muchísimo en el biberón. A los cinco días por fin me subió algo de leche y claro que lo festejé y pues ahora sólo usamos los biberones por la noche por que aún sigo agotada. Estuvimos dos días en el hospital y al tercero nos dieron el alta, pero también nos dieron noticias. Dado tu tamaño y al ser parto normal te habían fracturado la clavícula. NADIE ME LO HABÍA DICHO. Sentí una impotencia tremenda, pero no soy buena ni para indignarme ni para gritar... simplemente me lo tragué con saliva amarga y te cargué con toda la sobreprotección posible. El instinto animal y maternal había aflorado como nunca. Hubo grandes enojos, sobre todo de tu Yaya, pero aún faltaban cosas por venir: el regreso a casa. Ya me habían dicho que no daba tiempo a nada y que era duro pero jamás lo imaginé así. Es el momento en que te das cuenta que TODO ha cambiado. Para transportarte ya no es una maleta, son tres. Hay que ponerte en una sillita especial para el coche y como buenos padres primerizos no sabíamos ni como amarrarla. Esto se debe acompañar con un cocktail de hormonas al puro estilo "Cosmopolitan" o mas bien "Martini doble seco" por que se te va el alma. Llegas a casa y todo pesa: el aire que respiras, el cuerpo, la mente y el alma. Todo te supera y entonces abres el grifo a la emoción: lloras y lloras y lloras y lloras. Se puede confundir con depresión postparto pero es más bien el lloro de la vida. Así como cuando tu llegaste lo hiciste pues el lloro de una madre es el de "la existencia". En mi caso se sumaba la "impotencia" de que habían lastimado a mi cachorra y ni siquiera pude hacer nada para defenderte. Todo te da tanto miedo mi querida Lu. Desde cambiar un pañal, limpiarte el ombligo y ya deja tú el vestirte. Como dice mi mamá, "se me rompió la muñeca antes de jugar con ella" y pues me entró el pánico. Otro "Martini seco" por favor: para quitar la garraspera, knockear el dolor y ver la irrealidad de la realidad con otros ojos mareados por tanta novedad. Volteas a verte y tu cuerpo ha cambiado tanto que ni tu misma te reconoces al espejo. Si, estoy recién parida pero también es una "novedad" pues tu cuerpo deja de ser tuyo y la entrega ha comenzado para no terminar. Echas de menos la panza bonita por que la que te queda es el recuerdo de que ahí hubieron dos almas pero justo en ese instante me reclamas una poesía con llanto y todo cobra sentido. No obstante aún queda algo más por contar. Otro "Martini y que este sea triple". El dolor de la episiotomía. De ese no te cuentan mucho. Dicen que es incómodo, dicen que duele pero creo que todo mundo miente. En mi caso ha sido lo peor por mucho. Al grado que no podía moverme ni levantarme para poder atenderte hija mía. Eso solamente sumaba cargas psicológicas que te latigan por sentirte inútil. Mi caso no es normal. Además de todo perdí mucha sangre y me quedé anémica así que me imagino que entre mi debilidad, el cansancio y mi poco umbral del dolor pues ha resultado muy duro, pero el recuento de los daños no termina aquí. El primer fin de semana acabamos en urgencias por que ya no era normal esta incapacidad y resulta que "se me infectaron los puntos internos" así que bomba de antibiótico y a esperar. Así ha sido esto. Entre lloros tuyos y míos nos hemos ido conociendo Luisa y a quince días de haber nacido a pesar de seguir "mareada" de tanta emoción o de tanto "cocktail" que he tomado puedo decirte que la vida es MARAVILLOSA y que aunque cueste siempre vale la pena vivir cada instante con la intensidad del primer minuto que te aferraste a ella con tu poético llanto de existir.

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