Hay pocas cosas que generan tanta complicidad entre las mujeres como lo hace la cocina. No es desde el punto de vista machista, si no que existe una magia en la "creación". Preparar los alimentos que nutren a tu familia, a tus amigos y en general a tus seres queridos da una satisfacción enorme. Quizás sea algo que heredé de mi abuela materna, la Yaya, o de mi madre. No había nada mejor que pedir otra ración o decirles que que buena le había quedado la paella, la tortilla de patatas, el redondo de ternera con puré de patatas y salsa de pimiento, el filete wellington o aquellos postres inmemorables como las natillas quemadas con la plancha, el arroz con leche, la tapioca o el famoso príncipe alberto para sacar el pecho y mostrar el orgullo de ser "una gran cocinera". Tristemente las mujeres de hoy en día hemos perdido un poco eso. Muchas de las mujeres trabajan y las que no preferimos quizás hacer otras cosas que pasarnos horas en la cocina- mejor hacer algo sencillo y de dieta. No obstante, ayer fue un día mágico. Volví a compartir con mi mamá la cocina. De pequeña la veía cocinar y era todo un ritual pero nunca fui un gran pinche de cocina. Mi ayuda se reducía a probar los guisos y en el caso de los postres a preguntar si ya podía relamer la espátula; el momento favorito de todo niño pequeño. Ayer re-escribimos la historia. Dentro de mis antojos estuvo el preparar un pastel: el Príncipe Alberto- que siempre le era asignado a mi hermano Migue por su cumpleaños y luego me lo apropié yo. Así que fuimos a comprar los ingredientes y al llegar mi madre sacó la varita mágica y me fue dictando la receta para que yo preparará el pastel. Simbólicamente fue un "relevo". Ahora me tocará a mi querida Luisa hacerte ese pastel en tu cumpleaños. Ahora me tocará a mi llevar la batuta de ser una madre y de nutrirte en todo sentido de la palabra. Hay recetas que pasan de generación en generación pero el mejor secreto de cocina de mi madre es el amor y la dedicación que nos ha dado a cada uno de nosotros sus hijos y hoy gracias a ti querida hija tengo una perspectiva sumamente diferente: estoy creando mi propia receta de familia.
Este proyecto empieza aunado a un "proyecto de vida". Es un llamado de la naturaleza, pero ante todo es un "deber". Debo escribir y compartir este momento. Es un espacio, mi espacio, en donde pretendo revelar las verdades del embarazo desde mi perspectiva. No quisiera generalizar pero si desmitificar y en otras ocasiones puntualizar. HOY "I´M A HORMONE PREGNANT WOMAN" así que acompáñenme estos 9 meses en mis risas, mis antojos y mis lágrimas para convertirme en una "Mamacita".
martes, 8 de marzo de 2011
Secretos de cocina
Hay pocas cosas que generan tanta complicidad entre las mujeres como lo hace la cocina. No es desde el punto de vista machista, si no que existe una magia en la "creación". Preparar los alimentos que nutren a tu familia, a tus amigos y en general a tus seres queridos da una satisfacción enorme. Quizás sea algo que heredé de mi abuela materna, la Yaya, o de mi madre. No había nada mejor que pedir otra ración o decirles que que buena le había quedado la paella, la tortilla de patatas, el redondo de ternera con puré de patatas y salsa de pimiento, el filete wellington o aquellos postres inmemorables como las natillas quemadas con la plancha, el arroz con leche, la tapioca o el famoso príncipe alberto para sacar el pecho y mostrar el orgullo de ser "una gran cocinera". Tristemente las mujeres de hoy en día hemos perdido un poco eso. Muchas de las mujeres trabajan y las que no preferimos quizás hacer otras cosas que pasarnos horas en la cocina- mejor hacer algo sencillo y de dieta. No obstante, ayer fue un día mágico. Volví a compartir con mi mamá la cocina. De pequeña la veía cocinar y era todo un ritual pero nunca fui un gran pinche de cocina. Mi ayuda se reducía a probar los guisos y en el caso de los postres a preguntar si ya podía relamer la espátula; el momento favorito de todo niño pequeño. Ayer re-escribimos la historia. Dentro de mis antojos estuvo el preparar un pastel: el Príncipe Alberto- que siempre le era asignado a mi hermano Migue por su cumpleaños y luego me lo apropié yo. Así que fuimos a comprar los ingredientes y al llegar mi madre sacó la varita mágica y me fue dictando la receta para que yo preparará el pastel. Simbólicamente fue un "relevo". Ahora me tocará a mi querida Luisa hacerte ese pastel en tu cumpleaños. Ahora me tocará a mi llevar la batuta de ser una madre y de nutrirte en todo sentido de la palabra. Hay recetas que pasan de generación en generación pero el mejor secreto de cocina de mi madre es el amor y la dedicación que nos ha dado a cada uno de nosotros sus hijos y hoy gracias a ti querida hija tengo una perspectiva sumamente diferente: estoy creando mi propia receta de familia.
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